Tradición, artesanía, cetrería, música y migas del pastor. La V Feria del Esquileo de Trescasas volvió a convertir el Parque de Las Pozas en un escaparate de la identidad rural y en un punto de encuentro intergeneracional en torno a uno de los oficios más representativos de la zona. Así, vecinos, visitantes, familias y curiosos compartieron una jornada marcada por el orgullo por lo local y por la voluntad de mantener vivas las raíces de la Sierra.

Desde primera hora de la mañana, el sonido de la esquiladora y el murmullo del público acompañaron la exhibición participativa de esquilado del rebaño municipal, actividad que abrió oficialmente la feria. El esquileo, eje central de la jornada, sirvió también como excusa perfecta para reunir a personas de todas las edades alrededor de una tradición que durante décadas formó parte esencial de la vida y la economía de muchos pueblos segovianos.

Uno de los aspectos más llamativos de la feria fue precisamente esa convivencia entre generaciones. Niños observando con curiosidad las demostraciones, adolescentes recorriendo los puestos del mercado artesanal y mayores compartiendo recuerdos y conversaciones sobre el mundo pastoril dibujaron la imagen de una feria viva, capaz de conectar pasado y presente.

A lo largo de la mañana, el mercado artesanal fue llenando de ambiente el recinto con productos locales y elaboraciones tradicionales, mientras las demostraciones de distintas técnicas de esquilado permitían descubrir la evolución y la destreza de un oficio ligado históricamente a la trashumancia y a la vida ganadera de la provincia.

Otro de los momentos más destacados llegó con el espectáculo de aves rapaces a cargo de los Halconeros de Castilla, que acercó al público la relación histórica entre estas aves y los rebaños. La exhibición despertó especialmente el interés de los más pequeños, que siguieron con asombro cada vuelo sobre el parque.

La música también tuvo su espacio en una jornada pensada para disfrutar sin prisas. La charanga Jarra y Pedal puso ritmo al vermú popular antes de la esperada comida de migas del pastor, uno de los momentos más concurridos del día. Sin embargo, cuando vecinos y visitantes comenzaban a reunirse alrededor de las mesas, el tiempo dio un vuelco inesperado y la lluvia hizo acto de presencia, dejando una imagen tan imprevisible como típicamente serrana.

La lana que une al pueblo

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